domingo, 15 de agosto de 2010

NOCHE DE ALCARAVANES
MIRA QUIENES HABLAN
Marco V. Santos
Con total asombro los peruanos nos hemos informado de las declaraciones vertidas por dos congresistas que poco o ningún bien le hacen a la moral de la nación peruana, al igual que sus colegas sin distinción de partido, de color o de raza, por que en el fondo todos son tránsfugas de sus destinos.
Resulta que la tal Cribilleros que no sabemos ni nos interesa saber de que lugar de la patria proviene ni a que partido pertenece por el momento, dijo a la prensa que los delincuentes que conforman las bandas organizadas y perniciosas de cuello y corbata que conforman la gran población de este país que avanza hacia el más profundo de los barrancos, en donde ya tocó fondo, entre los que se encuentran violadores, asesinos calificados, reos contumaces, estafadores y traidores a la patria, “debían de ser fusilados por que no sirven para nada” . Esta señora madrastra y enemiga de la patria debía saber que estos delincuentes y los otros, si sirven para algo, pues sirven para delinquir y fregarnos la vida a los peruanos agonizantes y asfixiados por el smog de la inmoralidad y lo antihigiénico de sus presencias.
¿Debemos colegir acaso que si estos delincuentes que no sirven para nada deben ser fusilados ipso facto, entonces los congresistas, jueces, fiscales, alcaldes, presidentes regionales, generalotes militares y policías y demás lacra que conforma la parafernalia nacional, deberían también ser fusilados?
Siempre se ha dicho que las mujeres hablan y luego piensan y existen, y si no analicemos las declaraciones de la japonesa – norteamericana Keiko Fujimori que muy oronda y sin recato alguno dijo lo mismo que su coleguita Cribilleros, a sabiendas que en el Perú no se aplica la pena de muerte, ni se aplicaría por lo menos luego después de tres legislaturas extraordinarias y renunciar al tratado de Costa Rica.
Empero esta damicela que fue educada por Montesinos con el dinero de los hospitales, de los medicamentos, de las carreteras, de los colegios, de la comida, de la vivienda y de la ropa de todos los peruanos, al pedir la pena de muerte para los delincuentes calificados y en caso de que esta se diera en nuestro país, los primeros en caminar por el cadalso con sus camisas de once varas serían su padre Kenya y su hacedor Montesinos.
En el fondo tal vez ambas tengan razón con sus argumentos no tan descabellados y lo que en el fondo de sus sub consientes piden es su autoeliminación y desaparición de la faz de la tierra, al haberse dado cuenta del cruel designio marcado en sus destinos y en la de sus propias familias. Entonces que venga la pena de muerte en el Perú.
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